Una tarde de adiós – Cristina Colombo

¿Por qué fui a verte esa tarde?
Jamás había sentido tanta necesidad de hacerlo.
Debía volver a casa, pero mi brazo hizo señas al colectivo del sentido opuesto.
¡Te vi tan feliz! Cosías el dobladillo de un pantalón, mientras tu hijo jugaba con César y mamá.
Yo, como siempre a tu lado, serenaba mi espíritu y ponia sonrisas a mi cansancio.
Me acompañaste casi hasta la estación y te dije chau con la mano después de cruzar la calle principal, ya corriendo rumbo al andén.
A la una de la mañana vibró mi casa con un timbrazo, furioso como un relámpago.
Salté de la cama gritando tu nombre. Habías muerto.
Alcancé a vernos como esa tarde, yo diciéndote chau con la mano y vos sacudiendo tu pelo suelto.
Todo lo que vino después no sucedió.
Nosotras, ya nos habiamos dicho adiós.
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