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Después de la tormenta viene la calma. 

Una tormenta que no me arrasó. Que me encontró entera y dando pelea. Riendo porque es la única forma que encuentro de pelear.

Y ahora viene la calma, esa calma donde la cabeza se entrega a pensar, analizar y ver donde estuviste metida, y de donde fuiste capaz de salir.

Entera. De pie.

La muerte no pudo.

La vida ordenó seguir hacia adelante.